MUJERES QUE SE REINVENTARON: EL CRECIMIENTO DE LA COOPERATIVA PUNHA EN JUJUY

Corre el año 1987. Argentina tiene bien fresco en la memoria el título del mundo conseguido un año antes, pero otras son las preocupaciones en Abra Pampa, Jujuy, donde 2 mil familias se acaban de quedar sin trabajo porque la mina Metal Huasi, cerró sus puertas. Muchos hombres del lugar, algunos ya tercera generación de mineros, caen en la depresión: alcohol, desempleo y desesperanza, son un cóctel demasiado peligroso para las familias. Como si todo esto fuera poco, cuando la empresa cesó sus operaciones, “dejó enormes cantidades de desecho tóxico por todo el pueblo, incluyendo de 15 a 20 mil toneladas de desecho que quedó en el sitio de la fundidora en el centro del pueblo. Como resultado, la mayoría de los residentes de Abra Pampa ha estado sobreexpuesta al plomo en el agua, la tierra y el aire del pueblo. Los estudios sanitarios han demostrado que el 81% de los niños del lugar muestra niveles de plomo en su sangre que exceden aquéllos considerados “aceptables” por los estándares internacionales de salud. Un gran número de los residentes de Abra Pampa han soportado problemas físicos como consecuencia de la propagación de la contaminación del plomo” (según un informe presentado por  Iniciativa Latinoamericana de la Universidad de Texas).

Muchas familias no ven un horizonte y emigran, sin un destino claro pero atravesadas por el desempleo. Otras deciden quedarse y pelear por su futuro en su terruño.  Es el caso de Alicia Quiróz y Buenaventura Benicio y muchas otras mujeres, que deciden dar pelea y no quedarse sentadas esperando ver que pasa sino que optan por reinventarse y salir a buscar el sustento diario.

Finalmente en octubre de 1989, comienza dar sus primeros pasos la cooperativa PUNHA (Por un Hombre Nuevo Americano), dedicada al hilado de lana de llama, un oficio que estaba prácticamente desaparecido.

Hoy PUNHA ya lleva más de 30 años funcionando  y genera empleo directo a 80 productoras y productores Esta empresa textil, compuesta mayormente por mujeres originarias, elabora abrigos como ponchos, ruanas y distintos productos y prendas que son  teñidas en forma natural con cochinilla, yerba mate, repollo, remolacha y  achihuete. Se trata de 76 mujeres y 4 hombres  buscando poner en valor la producción local a través del mejoramiento de la comercialización, como el caso del puesto de venta ubicado en la localidad de Maimará. 

Al respecto, Eugenia Gutiérrez, una de las fundadoras señaló que quieren mejorar el entramado para una mayor y mejor venta de sus productos en esa localidad:   “Queremos mejorar el acceso al agua, el techado del salón, el mirador y el playón de estacionamiento. Nuestra idea es poder construir el saloncito para invitar a los artesanos de toda la puna y otras provincias para fortalecer a nuestras artesanías”. 

El hilado, el teñido y  el teñido son realizados de manera artesanal y las tareas se llevan a cabo  en los distintos talleres de la cooperativa. El primer paso es el de hilado, donde se procesa la fibra de llama y se preparan los hilos. Luego se hace el teñido artesanal, con plantas del lugar y de la zona de la Quebrada de Humahuaca . Ese hilo es entonces distribuido a los telares y tejido en las ruecas o a dos agujas.  Los productos finalizan el recorrido en la sección terminaciones, para luego ser comercializados y de esa manera poder alimentar a 80 familias de la cooperativa y otras 40 pertenecientes a la producción de lana local. Como dicen en PUNHA, “Respetar y cuidar de cada paso en el proceso de producción de nuestras prendas es fundamental para obtener prendas de calidad y duraderas”