En medio de un escenario de fuerte presión sobre la industria nacional, el industrial metalúrgico Javier Viqueira dejó una definición que resume la preocupación que atraviesa a gran parte del entramado pyme argentino: "No nos gusta pagar indemnizaciones. Nos parece un fracaso. Para mí, tener que despedir gente es un fracaso".
Viqueira dirige desde hace más de 30 años una empresa dedicada a la fabricación de equipamiento e insumos hospitalarios y conoce de primera mano las dificultades que enfrenta hoy la producción nacional para competir frente a las importaciones.
Lejos de presentar los despidos como una variable de ajuste, el industrial sostuvo que las pequeñas y medianas empresas hacen enormes esfuerzos para sostener sus planteles laborales incluso en contextos adversos.
"Despedir una persona que estuvo 30 años trabajando y tener que destinar ese dinero a una indemnización cuando podría invertirlo en la empresa, para mí es un fracaso", explicó.
El también vicepresidente de ADIMRA remarcó que las pymes tienen características particulares que muchas veces no son contempladas en los análisis económicos tradicionales.
"Muchas de las pymes están integradas por familiares, amigos o personas con las que se construyó una historia común. Tenemos mucho vínculo afectivo. Intentamos reconvertirnos antes que despedir", señaló.
Según explicó, frente a la pérdida de mercados o la caída de determinadas líneas de producción, muchas empresas buscan alternativas para mantener el empleo.
"Las pymes intentamos reconvertirnos. Empezamos a hacer cosas que antes no hacíamos, incorporamos servicios o nuevas actividades para conservar la estructura de la empresa", afirmó.
"Todos los días pasan un montón de chicos y personas dejando un currículum para ver dónde pueden trabajar. Eso te parte al medio", relató.
La escena, aseguró, se repite en todas las fábricas de la zona. "Pasan por mi empresa, pasan por la de enfrente, pasan por la del otro. Salen con los currículums a ver dónde los pueden dejar", contó.
Para Viqueira, la pérdida de empleo tiene consecuencias mucho más profundas que las estadísticas económicas. "Cuando hay trabajo se genera un círculo virtuoso. Incorporás gente, aunque no tenga experiencia, porque necesitás que aprenda. El trabajo es una cosa muy virtuosa", sostuvo.
El dirigente industrial cuestionó las miradas que reducen la discusión a una comparación de precios entre productos nacionales e importados.
"No es gratis no tener trabajo", advirtió. Según explicó, detrás de cada empleo industrial existen aportes a la seguridad social, al sistema previsional, al consumo interno y a las economías regionales.
"Cuando una persona deja de tener trabajo, deja de aportar al sistema, deja de consumir y muchas veces termina requiriendo asistencia del Estado. Ese costo muchas veces no se calcula", afirmó.
También alertó sobre los efectos culturales que genera la falta de oportunidades laborales. "El trabajo es un ordenador social. Cuando era chico no había nadie en la esquina porque todos estaban trabajando. Hoy cuando los pibes no tienen nada para hacer, eso también genera otros problemas que después terminan impactando en toda la sociedad", reflexionó.
Viqueira sostuvo que buena parte de las dificultades actuales tienen que ver con las asimetrías que enfrentan las empresas locales.
"Hay productos terminados que entran sin aranceles, pero cuando nosotros importamos insumos para fabricar acá sí pagamos impuestos, IVA adicional, ingresos brutos y otros costos. Arrancamos en desventaja", explicó.
A su entender, el desafío no pasa por cerrar la economía sino por generar reglas que permitan competir en igualdad de condiciones.
"Hay muchas medidas que podrían tomarse sin costo fiscal para mejorar la competitividad de la industria nacional y preservar el empleo", planteó.
Para el empresario, la defensa del trabajo no es únicamente una cuestión empresarial sino una discusión sobre el modelo de desarrollo.
"El trabajo no es solamente lo que produce una persona. Es cultura, es expectativa, es movilidad social, es futuro", sostuvo.
Y concluyó con una advertencia que sintetiza la preocupación de gran parte del sector pyme: "Si dejamos de valorar el trabajo, nos estamos equivocando mucho".